Nuestra Historia
Una tradición que se remonta a seis generaciones
Hablar de nuestros comienzos es hablar de raíces, de una historia amasada con tiempo, esfuerzo y cariño. No se trata solo de una panadería: es la continuidad de una tradición que se ha transmitido de generación en generación como un tesoro familiar. Yo no fui el primero en encender el horno; solo soy el siguiente en una larga línea de panaderos que han mantenido viva una forma única de entender el oficio.
Todo empezó en 1928. Mi bisabuelo, Manuel Armesto, llegó a Écija con una receta bajo el brazo y la ilusión de convertirla en pan de cada día. Aquella fórmula, nacida en tierras gallegas, encontró un nuevo hogar en Andalucía y, con el tiempo, se transformó en algo más que una masa: se convirtió en identidad. Así nació nuestro mollete, una pieza sencilla pero con carácter, que ha sabido conservar su esencia a lo largo de casi un siglo.
Han pasado seis generaciones desde entonces. Cada una ha añadido su esfuerzo, su aprendizaje y su pasión. Yo, Manuel Armesto Prieto, aprendí el arte del pan viendo a mi padre, Jesús, un hombre de mirada inquieta y manos sabias. Él me enseñó que en este trabajo no basta con saber: hay que sentir. Hoy, sigo sus pasos con el mismo compromiso con el que él los siguió.
En nuestro obrador, el día comienza cuando la ciudad aún duerme. A medianoche, comienza la magia: mezclamos harinas seleccionadas, abundante agua y una masa madre que lleva décadas viva con nosotros. No usamos temporizadores. Nos guiamos por la vista, el tacto, el aroma… y por una enorme pala de madera que nos acompaña desde tiempos que ya casi no se recuerdan.
Lo que hace únicos a nuestros molletes es su textura suave y delicada, resultado de una proporción de agua que pocos se atreven a utilizar: un 65%. Aunque ya no empleamos manteca de cerdo —en busca de una receta más ligera y duradera—, seguimos elaborando nuestras clásicas tortas de manteca, con ese punto dulce, sésamo tostado y la nostalgia de los desayunos de antes.
Mi madre, Mari Carmen, ha pasado su vida detrás del mostrador en el mercado de abastos, atendiendo a generaciones de clientes. Ahora, mis hijos, Álvaro y Bárbara, se suman a esta historia familiar. Él lidera la parte de pastelería, y ella reparte su tiempo entre el horno y su carrera artística. Tres generaciones, un solo propósito: seguir amasando futuro con sabor a tradición.
En Productos Armesto no vendemos pan, compartimos historia. Una historia que huele a horno, sabe a infancia y sigue creciendo cada día.
Manuel Armesto Prieto
Maestro panadero y guardián del legado familiar
